La inteligencia artificial parece vivir en la nube, pero su expansión depende de edificios enormes, redes eléctricas, agua y miles de servidores funcionando día y noche. España quiere ordenar cómo se construyen y operan esos centros de datos justo cuando el país se ha convertido en uno de los destinos más atractivos de Europa para esta industria. El choque está servido: el Gobierno defiende nuevas exigencias ambientales y de soberanía digital; las empresas temen que las reglas frenen inversiones millonarias. La cifra que ha puesto el debate en primer plano es contundente. Las compañías del sector calculan que las nuevas…

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