Bull ha reabierto su fábrica ampliada de Angers, en Francia, y ha duplicado su capacidad de producción: de seis a doce racks de supercomputación al mes. La compañía contempla elevar el ritmo hasta 24 racks mensuales en 2027 si la demanda sigue creciendo, según explicaron sus directivos a Reuters.
La ampliación, que ha supuesto una inversión de 80 millones de euros, llega en un momento de fuerte demanda de capacidad de cálculo para inteligencia artificial, investigación y simulación. Para Europa, el anuncio tiene una dimensión industrial: no se trata solo de comprar más potencia informática, sino también de poder ensamblar y validar sistemas complejos dentro de la región.
Una fábrica preparada para atender grandes pedidos
El aumento de producción permite a Bull fabricar en paralelo encargos que antes no podía abordar al mismo tiempo. Entre ellos figuran el superordenador francés Alice Recoque, compuesto por 94 racks, y LUMI-AI, un sistema finlandés cuyo contrato asciende a 388 millones de euros y que la empresa describe como el mayor de su historia.
Alice Recoque se construye para el organismo francés de investigación y defensa CEA. Su entrega está prevista por fases a partir de finales de 2026 y el proyecto tiene un coste de 554 millones de euros para el Gobierno francés y la Unión Europea. La cifra de 24 racks mensuales para 2027, en cambio, es una capacidad potencial condicionada a que continúe aumentando la demanda; no equivale a una producción garantizada.
La fábrica de Angers integra tareas de ensamblaje, personalización, pruebas y validación de servidores y superordenadores. Bull la presenta como su principal centro industrial para computación de alto rendimiento, inteligencia artificial y computación cuántica. La empresa también afirma que es la única planta europea dedicada a fabricar superordenadores.
La fabricación europea no implica independencia total
El crecimiento de la planta se enmarca en el impulso europeo a la supercomputación. La UE comprometió 7.000 millones de euros para su red de superordenadores durante el periodo 2021-2027, con el objetivo de reforzar la capacidad de cálculo europea. El consejero delegado de Bull, Emmanuel Le Roux, dijo a Reuters que la compañía ha recibido este año más pedidos que nunca y que ha ganado 15 de las 18 licitaciones convocadas por EuroHPC, el organismo que cofinancia estos sistemas con los Estados miembros.
La mayor capacidad local puede facilitar el despliegue de infraestructura, pero no significa que todos sus componentes sean europeos. Según los datos comunicados por Bull a Reuters, las piezas fabricadas en Europa representan el 70% de las máquinas producidas en Angers, frente al 20-30% de hace cinco años. Los sistemas pueden incorporar procesadores de Nvidia, AMD o Intel, además de componentes europeos, según las necesidades de cada cliente.
También hay una cadena de producción compartida con Foxconn: el acuerdo anunciado por ambas compañías en junio contempla fabricar y probar sistemas de IA en instalaciones de Foxconn en la República Checa y realizar después el montaje final, la integración y la validación en Angers. Por tanto, la expansión fortalece la capacidad industrial europea, aunque la fabricación continúa dependiendo de una red internacional de proveedores.
De la supercomputación a la infraestructura de IA
Los superordenadores no se destinan únicamente a entrenar modelos de inteligencia artificial. También se utilizan para investigación científica, simulaciones industriales y tareas que requieren procesar enormes volúmenes de datos. Bull construyó JUPITER, instalado en el centro de Jülich, en Alemania, y descrito por la compañía como el primer superordenador exaescala de Europa. Reuters también informó de que OVHcloud y la firma Domyn intentan entrenar modelos avanzados en esa máquina, junto con otras empresas que Bull no identificó.
La empresa francesa fue adquirida por el Estado francés el 31 de marzo de 2026, tras separarse del grupo Atos. La operación se valoró en hasta 404 millones de euros. Ese cambio de propiedad, junto con la ampliación de Angers, subraya la importancia estratégica que Francia atribuye a conservar capacidades propias de computación avanzada.
Para los lectores, el dato clave es que Europa está aumentando su capacidad de ensamblar superordenadores a escala industrial, no que haya alcanzado autonomía tecnológica completa. La disponibilidad de racks y la procedencia de los componentes son factores distintos: la ampliación puede acelerar la entrega de sistemas, mientras que la dependencia de procesadores y suministros globales sigue formando parte del panorama.
