Scott Bessent, secretario del Tesoro de Estados Unidos, aseguró que su país propondrá a China un mecanismo para avisarse mutuamente si ocurre un incidente grave relacionado con inteligencia artificial. La idea sería abrir una vía de comunicación entre ambos gobiernos cuando un sistema de IA provoque una emergencia o plantee riesgos de seguridad.
Por ahora no se ha anunciado un acuerdo bilateral ni se conocen detalles operativos: no está definido qué sucesos activarían el aviso, quién participaría en el canal o cómo se compartiría información sensible. Bessent dijo en una entrevista con Axios que cree que Pekín aceptaría la propuesta.
Un canal para alertar sobre riesgos de la IA
En las conversaciones con el viceprimer ministro chino He Lifeng, Bessent afirmó que se abordaron posibles escenarios como agentes de IA que actúen sin control y el uso de estas herramientas por actores no estatales para lanzar ciberataques o facilitar amenazas biológicas. El objetivo, según el secretario, sería mejorar la comunicación en una crisis, no pactar una pausa en el desarrollo de modelos.
La propuesta parte de una paradoja: Estados Unidos y China compiten por liderar la inteligencia artificial, pero un incidente grave podría afectar a ambos. Un sistema con acceso a herramientas o servicios críticos, por ejemplo, puede crear riesgos que no se limitan al país donde fue desarrollado. La entrevista no especifica qué infraestructuras entrarían en el alcance de un eventual mecanismo.
La propuesta ya se había mencionado en septiembre
La idea no aparece por primera vez en esta entrevista. El 21 de septiembre, Axios informó de que Bessent había dicho que Estados Unidos ya había planteado a China un mecanismo de notificación para incidentes de IA relacionados con la seguridad nacional. Sus comentarios del 3 de octubre apuntan a que Washington quiere avanzar con esa vía, aunque no aclaran si existe una propuesta formal nueva o si se trata de desarrollar la planteada en las conversaciones anteriores.
La distinción es importante: que los gobiernos exploren o propongan un canal no significa que lo hayan aceptado ni que esté operativo. De momento, no se han publicado un protocolo, compromisos de respuesta ni criterios comunes para determinar qué incidente debería comunicarse.
El caso de Kimi aporta contexto, pero sigue siendo una acusación empresarial
Bessent relacionó el debate con el caso de Kimi, el asistente de la empresa china Moonshot AI. Según un informe de Anthropic, Moonshot habría redirigido a Claude algunas solicitudes de usuarios que pensaban estar utilizando Kimi, y habría conservado parte de las conversaciones para extraer capacidades del modelo. Anthropic también sostiene que entre esas solicitudes había información sensible.
Es una acusación publicada por la propia compañía estadounidense y debe atribuirse como tal: el informe no equivale por sí mismo a una verificación independiente de todos sus señalamientos. Bessent la citó como ejemplo de los riesgos asociados a modelos potentes que pueden usarse o adaptarse fuera del entorno de su proveedor. El episodio también pone sobre la mesa la privacidad: los usuarios pueden desconocer qué sistema procesa sus mensajes y dónde terminan sus datos.
Seguridad además de capacidad
La iniciativa refleja una preocupación que va más allá de quién desarrolla el modelo más avanzado. Bessent sostuvo que los gobiernos deberían prestar más atención a la resiliencia y la defensa de sistemas críticos, además de competir por alcanzar la frontera tecnológica. También describió como voluntarias las revisiones gubernamentales de modelos en Estados Unidos, según la entrevista de Axios.
Para que un canal de notificación resulte útil, ambos países tendrían que acordar qué cuenta como incidente, qué información puede compartirse y cómo evitar que una alerta se convierta en una disputa diplomática. Esas cuestiones son especialmente delicadas cuando están implicadas empresas privadas, infraestructura crítica o datos de usuarios.
Por ahora, la noticia es una propuesta política en fase de conversación, no una salvaguarda ya disponible. Su relevancia dependerá de si Washington y Pekín logran convertir la intención en reglas concretas y en un canal que puedan utilizar con rapidez cuando surja una emergencia.
