La misión comercial que debía salvar al observatorio Swift de la NASA terminó sin elevarlo a una órbita más segura. Sin embargo, el intento dejó una prueba relevante: Katalyst Space diseñó, construyó y lanzó en menos de un año una nave de servicio orbital, aunque varios fallos técnicos impidieron que completara el rescate.
En un repaso de la misión publicado el 1 de octubre, responsables de NASA y Katalyst detallaron tanto los problemas de LINK como las medidas excepcionales que hicieron posible el proyecto. El balance combina una oportunidad científica perdida con avances que podrían orientar futuras operaciones de mantenimiento de satélites.
Un rescate diseñado contra reloj
Swift, lanzado en 2004, estudia fenómenos cósmicos en luz visible, ultravioleta, rayos X y rayos gamma. Su capacidad para girar rápidamente y observar estallidos de rayos gamma lo convirtió en una herramienta valiosa para la astronomía. Pero el observatorio no dispone de propulsión para elevar por sí mismo su órbita, y el aumento de la actividad solar aceleró el rozamiento con la atmósfera.
En septiembre de 2025, la NASA adjudicó a Katalyst un contrato de 30 millones de dólares para construir una nave que se acoplara a Swift y aumentara su altitud. La agencia dio prioridad a la rapidez: LINK debía estar lista en meses, en vez de seguir los plazos habituales de varios años para desarrollar y probar una misión de esta complejidad. La NASA fijó objetivos generales, pero dejó a la empresa margen para decidir cómo alcanzarlos.
El calendario también puso presión sobre los pagos. Según el reportaje de Ars Technica, la adjudicación precedió por cinco días al cierre del Gobierno federal de octubre de 2025. El equipo de adquisiciones de la NASA aceleró los trámites para que Katalyst recibiera fondos y pudiera encargar componentes antes de que se interrumpieran las operaciones administrativas.
Fallos en el control y la alimentación
LINK despegó el 3 de julio de 2026 y completó parte de las comprobaciones en órbita. Semanas después, falló un componente electrónico del sistema de alimentación que controlaba las ruedas de reacción: un transistor del circuito de frenado regenerativo se cortocircuitó y dejó esa función inutilizable. Las ruedas son parte del sistema que ayuda a orientar la nave.
Katalyst modificó el software y las operaciones para limitar el problema, pero más tarde una válvula de los propulsores de control de actitud dejó de responder. La combinación de fallos hizo que LINK comenzara a girar y no pudiera completar el encuentro ni elevar Swift. La nave llegó a aproximarse a unos diez kilómetros del observatorio, según los responsables citados por Ars, pero no alcanzó la distancia ni el control necesarios para ejecutar el rescate.
La empresa reconoció que algunos componentes eléctricos tuvieron que fabricarse internamente porque los proveedores no podían entregarlos a tiempo. Eso cargó de trabajo al equipo de alimentación eléctrica y redujo el margen disponible para probar el sistema con el nivel de exhaustividad deseado. Las piezas más complejas, como los brazos robóticos y los propulsores eléctricos, sí funcionaron según lo previsto, pero no bastaron para compensar los problemas de control.
Qué significa aquí «vibe coding»
La expresión del titular original alude a otra parte de la operación: el equipo de Swift en tierra reorientó el observatorio para reducir el arrastre atmosférico y ganar tiempo antes de la llegada de LINK. Según el reportaje, esa tarea implicó reescribir software de operaciones, con ayuda de herramientas de inteligencia artificial agéntica y programación asistida —lo que sus responsables describieron como «vibe coding»—, además de utilizar capacidad de cálculo en GPU.
No fue una inteligencia artificial la que pilotó LINK ni sustituyó los controles de la misión. La asistencia se empleó en el trabajo de software del equipo de operaciones de Swift, mientras que la nave y sus fallos se gestionaron mediante los sistemas y procedimientos de vuelo. La maniobra de reorientación permitió extender la permanencia de Swift en órbita durante varios meses, aunque implicó suspender temporalmente sus observaciones científicas.
Una misión fallida que deja lecciones
La NASA había anunciado el 19 de agosto que LINK no podría capturar ni elevar Swift, aunque la nave aún intentaría demostrar capacidades de aproximación y navegación. Según la cronología recogida por Ars Technica, LINK reentró en la atmósfera el 25 de septiembre. La agencia, por su parte, prevé que Swift también reentre más adelante en 2026; el observatorio ha retomado temporalmente parte de su actividad científica.
La lección no es que un rescate orbital pueda hacerse sin pruebas, sino que una empresa comercial pudo llevar una misión especializada del diseño al lanzamiento en un plazo muy breve y con un presupuesto acotado. La NASA y Katalyst revisan ahora qué falló y cómo mejorar futuras operaciones. Swift no se salvó, pero LINK puso a prueba tecnologías de encuentro orbital y servicio que podrían resultar útiles para prolongar la vida de otros satélites.
