La forma de medir el tiempo en todo el mundo está a punto de cambiar. Los países han aprobado poner fin a los segundos intercalares, los ajustes que se añadían ocasionalmente para mantener la hora oficial cerca de la rotación irregular de la Tierra. El nuevo sistema entrará en vigor el 20 de mayo de 2027 y permitirá que ambas escalas se separen gradualmente durante siglos.
La noticia suena a una discusión de especialistas, pero afecta a una infraestructura invisible de la que dependen redes móviles, navegación por satélite, centros de datos y sistemas financieros. El problema no es que los relojes atómicos fallen: es que sincronizar millones de dispositivos cuando el reloj oficial incorpora un segundo excepcional puede provocar errores difíciles de anticipar.
Qué han decidido exactamente los responsables del tiempo
La 28.ª Conferencia General de Pesas y Medidas (CGPM), reunida en Versalles, votó el 15 de octubre a favor de adoptar una escala UTC continua que deje de introducir segundos intercalares. El Laboratorio Nacional de Física del Reino Unido (NPL), uno de los institutos nacionales responsables de la metrología, confirmó que la votación salió adelante.
La resolución fija el 20 de mayo de 2027 como fecha de aplicación y amplía hasta 3.600 segundos —una hora— la diferencia máxima permitida entre UTC y UT1. La decisión concreta una propuesta técnica preparada por la comunidad internacional de metrología y presentada ante la conferencia.
En la práctica, el Tiempo Universal Coordinado (UTC), la referencia de la que parten las horas civiles, seguirá avanzando de manera uniforme. Ya no se le añadirá un segundo para acompasarlo periódicamente al tiempo astronómico UT1, que refleja la rotación real de la Tierra. El desfase crecerá poco a poco y de forma irregular; no se espera que alcance una hora hasta dentro de varios siglos.
Por qué no dura siempre lo mismo un día
Un día civil se organiza en 24 horas de 60 minutos, pero la Tierra no completa cada vuelta con una regularidad perfecta. Su rotación cambia por la interacción gravitatoria con la Luna, los movimientos de la atmósfera y los océanos, y los desplazamientos de masa en el interior y la superficie del planeta. Por eso, el día medido con referencias astronómicas puede durar ligeramente más o menos que 86.400 segundos atómicos.
Desde 1967, el segundo se define a partir de una propiedad del átomo de cesio-133. Los relojes atómicos permiten mantener una escala extraordinariamente estable; UTC se calcula a partir de ellos. UT1, en cambio, se obtiene observando la orientación y el giro de la Tierra. Las dos escalas responden a fenómenos distintos y, con el tiempo, tienden a apartarse.
Hasta ahora, cuando la diferencia se acercaba a 0,9 segundos, se añadía un segundo intercalar a UTC. El ajuste evita que la hora de los relojes se aleje demasiado de la posición del Sol, pero obliga a sistemas informáticos y electrónicos a gestionar un minuto con 61 segundos. Desde 1972 se han incorporado 27 segundos intercalares; el último fue en 2016.
Un segundo puede causar un problema enorme
Los segundos intercalares no se aplican siempre de la misma manera en todos los sistemas. Algunos servicios reparten el ajuste de forma gradual; otros representan el segundo adicional como una marca horaria especial. Esa diversidad puede hacer que ordenadores, bases de datos, redes de telecomunicaciones y servicios conectados pierdan la sincronización o interpreten mal una marca de tiempo.
La dificultad es especialmente relevante en infraestructuras que necesitan ordenar eventos con precisión, como los mercados financieros, los sistemas de navegación, las redes eléctricas y los centros de datos. También existen distintas escalas de tiempo asociadas a las constelaciones GNSS —GPS, Galileo, GLONASS y BeiDou—, que deben relacionarse correctamente con la hora internacional.
La comunidad técnica lleva años advirtiendo de estos riesgos. La decisión de 2022 ya había marcado el objetivo de ampliar el margen entre UTC y UT1 antes de 2035. La votación de 2026 adelanta la transición y fija una fecha concreta: el cambio será efectivo en mayo del próximo año.
¿Vamos a notar algo en nuestros relojes?
Para la mayoría de las personas, no habrá que cambiar la hora del móvil, del ordenador ni del reloj de casa. Los dispositivos seguirán mostrando la hora civil de cada zona horaria, con sus cambios estacionales donde correspondan. La transformación se realiza en la definición y distribución internacional de UTC, y en la relación técnica entre esa escala y la rotación terrestre.
Los astrónomos tampoco perderán la referencia al giro del planeta. Para observaciones que requieren conocer la orientación terrestre, pueden utilizar UT1 directamente y consultar la diferencia entre UT1 y UTC. La propia propuesta de metrología prevé que ese dato siga distribuyéndose a través de servicios de navegación por satélite, internet y señales horarias.
La diferencia entre el mediodía del reloj y el mediodía solar irá aumentando a lo largo de un plazo muy largo. En la vida cotidiana ya existe una separación considerable entre la hora legal y la hora solar por los husos horarios y el horario de verano; por eso, el límite de una hora se considera manejable durante siglos. La conferencia deja a generaciones futuras la decisión de cómo abordar ese desfase si llega a ser necesario.
El final de una corrección con medio siglo de historia
El segundo intercalar nació para mantener juntos dos conceptos que la tecnología moderna había separado: una unidad de tiempo atómica, muy constante, y la duración variable de la rotación terrestre. La medida funcionó durante décadas, pero su aplicación irregular se convirtió en una fuente de complejidad para sistemas que necesitan una secuencia temporal continua.
Con la aprobación de UTC continua, la prioridad pasa a ser una referencia estable y predecible para las tecnologías globales. La Tierra seguirá girando a su ritmo cambiante y los astrónomos seguirán midiéndolo; lo que desaparece es la obligación de corregir los relojes atómicos cada vez que ambas escalas se distancien demasiado.
Fuentes y documentación
- Laboratorio Nacional de Física del Reino Unido (NPL): resultado de la votación del 15 de octubre de 2026.
- BIPM: decisión del CIPM que fijó el 20 de mayo de 2027 como fecha de aplicación propuesta.
- BIPM: documentación sobre el futuro de la metrología del tiempo y la propuesta de UTC continua.
- NIST: explicación de cómo funciona un reloj atómico de cesio.
